A esta tragedia se suma la de 1999, cuando un deslave sepultó casi todo el sector -que en ese momento se llamaba Vargas- y dejó miles de muertos, una cifra que hasta hoy no ha podido establecerse con exactitud. El balance oficial fue de unos 700 fallecidos, pero estimaciones independientes apuntan a más de 10.000.
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Lo primero que dijo el Colegio de Ingenieros de Venezuela es que no se puede descartar la posibilidad de volver a construir en la zona. “Se está estudiando lo que pasó”, dijo el ministro de Transporte, Francisco Garcés, en una reciente conferencia de prensa.
El presidente del Colegio, Enzo Betancourt, también insistió, durante esa conferencia, en que no se debe apresurar la decisión y que los especialistas trabajan en las investigaciones correspondientes.
A la par, el Colegio anunció que, a un mes del doble terremoto, ha realizado 8.000 inspecciones, de las cuales cerca del 25 por ciento recibió etiqueta roja o amarilla; sin embargo, no todas las edificaciones deberán ser demolidas.
Y esa es la esperanza de algunos sobrevivientes en La Guaira. Entre ellos está Brayann Baptiste. Él y su familia también sobrevivieron a la tragedia de 1999. Esta vez perdió a un tío y a muchos amigos.
Miles de familias perdieron sus viviendas tras el doble terremoto. Foto: @juanfotosadn
“Este es nuestro hogar”, dijo a EL TIEMPO.
Para Baptiste, esta nueva adversidad es sinónimo de lucha. Por eso, en medio de lo que quedó en pie, improvisó un almacén de insumos para ayudar a los sobrevivientes.
“Lo perdimos casi todo, pero nos pondremos de pie”, insistió.
Para la mayoría de las personas, vivir en La Guaira era un privilegio. Caminando se llega al mar, se come pescado fresco y el ruido de las olas tranquiliza a cualquiera. Las viviendas también tenían buenos precios, así que, si se contaba con un vehículo para movilizarse a Caracas y regresar en la noche a dormir, “todo era perfecto”, así lo cuentan quienes, en medio del dolor, aún no entienden cómo cientos de edificios se vinieron abajo.
Ingeniería frente a los riesgos del litoral
El experto japonés en desastres e ingeniero estructural Kit Miyamoto fue uno de los especialistas que llegó a Venezuela. Considera que el país cuenta con profesionales y herramientas suficientes para levantar edificios sismorresistentes de hasta 50 pisos.
Durante una entrevista en una emisora local, Miyamoto afirmó que la clave está en aplicar rigurosamente los protocolos técnicos de construcción.
“Venezuela cuenta con la experticia y cuenta con la tecnología. Lo importante que debemos aplicar es hacerlo de forma correcta, hacerlo con la cota y con las mediciones apropiadas para que esto sea un buen trabajo”, dijo.
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Miyamoto señaló que las principales afectaciones se concentraron en las zonas costeras del estado La Guaira. Ese mismo problema, añadió, también se presenta en laderas donde coexisten viviendas formales e informales, áreas en las que identificaron fracturas estructurales que requieren inspecciones técnicas urgentes.
Por otro lado, desde la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC), su primer vicepresidente, Rafael Torrealba, enfatizó al medio local EL PITAZO que la ciencia aplicada a la edificación puede garantizar ciudades seguras, pese a los desafíos históricos que plantea la geografía del litoral.
Torrealba citó al sector de Ciudad Caribia, también en La Guaira, como un ejemplo de construcción debido a que está asentado sobre un terreno consolidado y rocoso, lo que evitó afectaciones estructurales durante los sismos. No obstante, advirtió que gran parte del crecimiento urbano de La Guaira se desarrolló históricamente sobre terrenos menos firmes.
Licuación de suelos: las dudas sobre volver a construir en las zonas afectadas
Por su parte, el presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano De Santis, explicó durante el espacio Conversa de ARI Con La Luz que en varios de los edificios siniestrados -especialmente las estructuras de interés social conocidas como OPP de la Gran Misión Vivienda Venezuela- ocurrió el fenómeno de licuación de suelos. Esto sucede cuando el alto nivel freático hace que el terreno pierda firmeza y actúe prácticamente como agua under the stress de las ondas sísmicas, ocasionando el colapso.
Edificios colapsados y calles cubiertas de escombros reflejan la magnitud de la destrucción. Foto: AFP
De Santis subrayó la necesidad de auditar los sistemas de fundaciones y los detalles constructivos de estas obras, aunque admitió que será complejo acceder a toda la documentación técnica. Para evitar un encarecimiento desmedido de las labores de remediación del suelo y cimentación profunda, recomendó reconsiderar la densidad de uso en las parcelas donde colapsaron estas estructuras.
“O le bajas las densidades y dedicas eso a caminerías, canchas, parques; o te vas a edificios de envergadura donde puedas hacer las remediaciones de suelos y fundaciones profundas requeridas para garantizar un edificio estable”, argumentó De Santis, al sugerir que la vivienda de interés social no debería reinstalarse en esos puntos por los altos costos que implica preparar nuevamente esos suelos.
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La carrera por encontrar terrenos seguros para la reconstrucción
Ante el escenario de reubicación de los damnificados, el sector oficial informó sobre la localización de áreas fuera de la franja inmediata de peligro. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció la identificación de más de 40 terrenos en el estado La Guaira, que abarcan unos 584.000 metros cuadrados evaluados para nuevos desarrollos urbanos.
“Nos fuimos un poco más hacia el oriente de Caraballeda y Tanaguarena y encontramos algunos terrenos en Naiguatá y Los Caracas. También tenemos un gran espacio hacia la zona de La Sabana; entre Osma y Chuspa hay una gran extensión de tierra que podría servir para un plan maestro”, detalló Rodríguez sobre las alternativas ubicadas lejos de la línea costera inmediata.
Mientras el debate ocupa a los expertos, la otra cara de la discusión es que más de 16.000 familias quedaron sin hogar y ahora viven en refugios temporales, muchos de ellos en carpas improvisadas en las calles.
Además, muchos de quienes sobrevivieron ya habían vivido la tragedia de 1999 y esperaron más de 10 años para tener una vivienda propia, como ocurrió en el urbanismo Hugo Chávez, en el sector Playa Grande, una obra inaugurada por el fallecido expresidente como solución habitacional para esos damnificados, quienes hoy volvieron a quedarse sin casa.
ANA MARÍA RODRÍGUEZ BRAZÓN – Corresponsal de EL TIEMPO – Caracas
